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jueves, 7 de agosto de 2014

Aquí se viene muy bien follado.


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Hay que ser muy valiente para tener pareja estable y acostarse con otro. Con lo fácil que es cumplir una rutina como si estuvieras en el ejército. Follar una vez cada diez días, con suerte cada semana. Conoces tan bien a tu hombre que sabes que si empiezas chupándosela y metiéndotela entera en la boca, a la tercera mamada, te pones encima,  empujas cuatro veces... Y se corre. 

Tienes una colección de zapatos de tacón que no pisan asfalto debajo de tu cama. Los negros de cocodrilo colocados a la altura de su pecho, que pueda agarrártelos... Y en diecisiete minutos como mucho, estáis los dos gritando. 

Miras el reloj que está encima de la cama. Te gusta que aún te queden horas de sueño.

Por menos de 20 minutos de sexo más bien rico, sacias tu hambre. Si sigues en esa cama es porque la compartes con la persona que mejor te folla.. Simplemente quieres más y con otros. Eres peleona; te gusta comparar y que te comparen. 

No hablo de cuernos sino de poliedros sexuales. Guillermo llamó por teléfono en Contigo Dentro  y lo explicó muy clarito. Tríos, orgías, intercambio de parejas y sólo en algunos pocos casos poliamor. Sexo de varios elementos que se combinan a su antojo sin que exista la más mínima duda de que todos saben lo que hay. 

Melodramas los justos, por favor. Aquí se viene muy bien follado. 

Empieza todo como un juego de dos. Sólo entre él y yo. Calentándonos mutuamente. Comiéndonos la boca, sobándonos las ganas. Uno, dos, tres. Cuatro elementos, si puede ser. 

En cada roce una rozadura, en cada beso un sabor. 


Una mano igual de grande que la suya aferrándome de las caderas, colocándome para que me empale una verga. Entra otro a clavar. Disfruto la estocada aunque sólo sea porque es nueva, mientras ahí enfrente, delante de mí, el hombre con el que mejor sexo tengo, empuja dentro de otra hembra. 

Qué quieres; folla así de bien...

Es difícil sentirse más poderosa. Supérenlo si pueden pero conmigo ahórrenme el argumento de su monogamia.  

A mí no me engañan. 

viernes, 31 de mayo de 2013

31 mayo 2013

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Yo, que soy muy de almacenar fechas, tenía marcado el 31 de mayo en el calendario. Desde noviembre de 2012, que tuve la suerte de que me miraran a la cara y me dijeran "Me gustas". Así, en la primera cita. Con lo que impresiona.

Ni siquiera miramos en un calendario la fecha, la dijimos así, a voleo. Calculando mentalmente cómo podría ser esa espera. Pensándonos cada día, imaginándonos de nuevo frente a frente. Citándonos a decidir qué hacer con nuestras vidas. Si seguir acunados cada uno por separado o buscarnos entre unas sábanas recién estrenadas. Y enredarnos. A ver qué pasa. 

Poco más de 6 meses ganándome a pulso la penitencia que me va a caer después de cometer el pecado que estoy dispuesta a perpetrar. Completa. Enterito. De principio a fin. Admitiendo que soy yo la que ha magnificado esta relación; asumido está. No nos vamos a engañar, soy la reina del melodrama. 

Anoche recibí su mail. Primero una disculpa por no haber escrito antes, tres líneas escasas en total, finalizando la última frase con un "mucho mejor". Apenas una caricia después de haberme precipitado. Sí, soy así. Bastó que en un mail me pidiera que adelantáramos la fecha, la del 31 de mayo de 2013, para que yo confesara .

Con eso me basta. 

Me asaltan mil dudas, le habré dejado de gustar. Se habrá mordido la lengua arrepintiéndose de aquella conversación cargada de proposiciones de lo más deshonestas. Después de horas y horas de cómo, cuándo, dónde y con quién he querido. Permitiéndomelo todo

Sí, todo. 

No juzga ni cuestiona que tenga amantes más jóvenes, de esos que esperan a que se apague la luz en el portal para meter la mano debajo de la falda buscando el borde de la braga y acariciar todo lo que deseas que te acaricien. Ni le importa lo más mínimo que me esconda en el mejor espectáculo de sexo del mundo, una habitación con un escenario sobre el que gira una cama mientras se folla disfrazada con la parafernalia elegida. Y los juguetes que quiera. Esposas, cintas de cuero, bodys, consoladores.. Todo. 
Mientras ocho desconocidos miran desde sus cabinas. 
Masturbándose contigo, por mí. Eso además de pagar 100 € por ese espectáculo totalmente deseado, provocado y disfrutado por los actores. O sea yo. 

Todos los amantes que quiera. Todos. 

Me lo consiente pero me pide que espere. Que espere más. Y lo dice sin poner fecha. Sin trasladar la respuesta a otro día, sólo que espere. Cediéndome tan sólo ese "mucho más" al que me aferro con las manos y hasta con estas piernas que envejecen fatal pero siguen siendo largas. Para atarlas a la espalda, hincarlas en sábanas y apoyarlas en hombros con las sandalias de tacón en los pies. Y ver entre ellas la cara del que justo un momento antes lamió buscando y encontrando. 

Quién puede esperar con semejante panacea. Haciéndome sentir la verdadera persona que quiero ser. Engolosinándome con ese autorretrato perfecto. El que corona este post fotografiado por una mujer, Anastasia Chernyavsky. Y no, no me gusta del todo su trabajo, pero ésta instantánea me fascina. Desnuda, con su bebé en brazos, su hija abrazada a la otra pierna y una gota de leche cayendo del pecho. 

Espero; cumpliendo mi penitencia por permitirme vivir del único modo que siempre quise. Porque también estoy de celebración: hoy hace 32 años que hice la Primera Comunión. El cuerpo de Cristo se lució conmigo. Prefiero de siempre las obleas de Salamanca. 

Espero; preparándome también para el rechazo. 

Pongo una única condición: Descarnémonos sin hacernos daño. Es todo lo que nos queda.