viernes, 2 de diciembre de 2011

Porno casero

   Mira que somos especialitos a la hora de malear. Creo que es porque ya hemos asumido que se peca con los ojos abiertos. Besar, tocar, morder y follar mientras le ves la cara al que besas, tocas, muerdes y follas. Sostenerle la mirada como si no quisieras perderte ni una sola de sus reacciones a cada uno de los estímulos que tú le profesas, pareciéndole aún más chula de lo que ya es una de por sí.
   
  Todos nos montamos nuestras peliculitas y si no las filmamos no retenemos con la misma intensidad cada uno de los gestos que nos ha regalado nuestro penúltimo polvo. Que ya puestos, mejor que sea diferente del anterior y sorprendentemente innecesario. Vamos, que follamos porque nos apetece. Afortunadamente. Y almacenar buenas imágenes, asumido que somos todos una panda de "vouyeres" empedernidos, solo nos puede reportar gloriosos recuerdos. 
   
   Nunca entenderé a los que follan a oscuras. No conozco a nadie ni recuerdo haber follado a oscuras. Elijo y me eligen  defensores de la luz, los tacones, la banda sonora apropiada y la confianza. Que ya que hemos llegado a la cama no me vengas ahora con prejuicios, por favor. 


   Tampoco me he planteado preguntarme si no será que soy demasiado peliculera. Y siempre tengo que sacar a pasear el personaje. Si es así... bendito personaje. 



  



miércoles, 29 de junio de 2011

VET ALO WEB

Ciertas mujeres tenemos también cierta facilidad para interesarnos por los hobbies de la gente que nos importa. Vale que seguro somos pelín positivas aunque nos resulte infinitamente más cómodo pasearnos por la vida con el mejor de nuestros vestidos negros y escotados, pero a la hora de la verdad no podemos evitar querer tener cosas en común con las pocas personas que nos rodean y que de verdad nos importan. Que cada vez son menos. 

Nunca entenderé a esas mujeres que, llegado el fin de semana, tuercen el gesto cuando su chico se emociona ante la posibilidad de dejarse tragar por el sofá por tener jornada deportiva en toda regla. Él pone esa sonrisita de medio lado, ayuda una barbaridad en casa durante toda la mañana del sábado... Hasta mete la taza del desayuno en el lavavajillas sin que tú lo mires con cara de asesina al comprobar que no, que la taza roja no se deja amaestrar y por ahora siempre espera a que tú la recojas. Porque es más que evidente que si a las dos de la tarde sigue en el fregadero es porque a él le importa un bledo verla. Ellos, como tengan sesión deportiva apetecible harán todo lo posible por tenerte contenta para no hacer ni huevo en todo el día. Y lo más inteligente es aprovecharlo. 

Mi casa es el punto de encuentro por excelencia para el visionado de todo partido de fútbol que se precie. Me lié con un futbolero nato. Pero no consumidor de fútbol, no. Con un experto en el maravilloso mundo del deporte rey, que no es lo mismo. Así que, fin de semana sí, fin de semana también, una media de 6 personas ocupan mi pequeño salón provistos de cervezas, patatas fritas, empanadas, paquetes de tabaco y toda parafernalia futbolera que se precie. Vuvuzela incluída, que tengo una. Pero esta repetición sistemática de encontrarnos siempre en mi casa y no en otra viene de que yo participo de la situación con la mejor de mis sonrisas.. Y con el colmillo bien afilado, claro. 

Si yo no hubiera aprendido algo de fútbol no sería la reina del mambo ni siquiera los fines de semana. Siempre hay alguien que se ve en la obligación de ir a por los vasos a la cocina, buscar el aparatito correspondiente para cortar la pizza o el cuchillo apropiado para la tortilla de patatas o el pastel de puerros que yo he cocinado. Ponen las copas, bajan a por hielo, abren más vino o sacan las cervezas... Mientras, yo soy la que está plácidamente sentada en el sillón más cómodo. Que ya me he currado después de seis años lo de marcar territorio y no soy la chacha de nadie, aunque sí la madre de unos cuantos. Y no lo necesito porque mi Canalla sea tan malo; es un bendito gritón más cansino que peligroso, sino porque es un chollo hablar con los hombres de tú a tú. Ninguno de los que me rodean esperan que, además de llevar como nadie los ya mencionados vestidos negros, pueda discutir si el Barça venderá a Thiago solo para hacer caja o si Cesç es sin lugar a dudas el jugador perfecto por edad y por posición para poder relevar el tríangulo Xavi-Iniesta-Messi cuando alguno de los integrantes del medio centro falle por la edad. Y mete goles. 

Si me lo sé; soy lista. Si yo soy el mejor público que tiene Mi Canalla; almaceno todo lo que dice para utilizarlo con mis compañeros cámaras y montadores (lo mejor de esta profesión) y soportar las tediosas coberturas que a menudo padezco. También para poder escapar en más de una reunión de conversaciones espinosas o repetidas porque disipas muchas tensiones sacando a colación el fichaje de De Gea. 

Si los sudores me entran cuando me doy cuenta de que últimamente me intereso por la Fórmula 1...

domingo, 12 de junio de 2011

Por la cándida adolescencia

Últimamente he estado un pelín dispersa. Podría intentar justificar mi ausencia de meses escudándome en toda esta teatralidad mía que tan buenos resultados me da. Pero ahora lo que me da es mucha pereza. Será que me he hecho mayor de pronto. O que me niego a crecer definitivamente. 

Este fin de semana he estado con mis amigos de la infancia, la gente de mi pandilla desde los 14 a los 22 años; esos que me vieron crecer y que aún no entienden cómo les pude salir tan rana. Los adoro y me adoran, a pesar de que somos completamente diferentes y que, lo que hace veinticinco años eran "diferencia de pareceres", hoy son océanos de distancia. Aún no entiendo cómo salí tan opuesta a todos y cada uno de ellos,  incluidos los hombres. ¡Sobre todo los hombres! Diferente a ellas me recuerdo desde casi el principio, cuando fui consciente de que nunca sería ni tan guapa, ni tan delgada, ni mucho menos tan pija. Por supuesto no tuve nada realmente parecido a un novio hasta la Universidad y pasé bastante más desapercibida de lo que a ninguna niña de 15 años le apetece, viviendo en una ciudad dormitorio con esencia de pueblo e ínfulas de capital. Y ambas cosas hubo un tiempo que escocieron. 

A mí me dio por hacer mi santa voluntad. Estudiar una carrera en Madrid, enrollarme con quien me apeteció sin pedir nada a cambio y perder la virginidad con el que me traía por la calle de la amargura quien por supuesto no tenía la más mínima intención de pedirme siquiera el teléfono. Pero ¡cómo me gustaba, el cabrón! Mientras todas mis amigas se tiraron meses y hasta años con sus novios de entonces para montarse la peliculita de turno de aquellos gloriosos finales de los 80, yo terminé desnuda en el maletero de un coche modelo ranchera (sí, en el maletero) con uno 6 años mayor que yo que no era mi novio; ya me habría gustado. 

Nos reencontramos sólo una vez al año, en las fiestas locales. Sé perfectamente dónde encontrarlos porque en todos estos años no han cambiado sus sanas costumbres y nos da mucha alegría vernos de nuevo; ni uno solo finge a estas alturas. Hablamos, bailamos y por supuesto nos emborrachamos. Y yo me convierto un poco en la reina de las fiestas, imagino que no por la pata del Cid de la cual carezco sino porque les debo parecer de lo más exótico. Y a mí, no puedo evitarlo, me encanta no parecerme en nada a ellos. Por mucho que los quiera.  

Fijo que hubo un tiempo en el que intenté no sacar los pies del tiesto y cumplir todos y cada uno de los prolegómenos que hubieran hecho de mí una chica de la pandilla. Pero fue todo imposible. Mi ideología se decantó hacia la izquierda bien temprano, me empezó a interesar el comic erótico y la literatura mucho más que cualquier otra doctrina y para colmo no me interesaban los chicos cercanos más que para pasar un rato. Sólo pensar en ellos como novios me producía escalofríos. Así que hice lo que habría hecho cualquiera de ellos pero no de ellas: ponerme el mundo por montera, liándome con los que me apeteció y tirándome, ya los últimos años, sólo a unos pocos. Y jamás contarlo, claro.Un caballero jamás hace gala de sus conquistas. 

Entonces trabajas en televisión tirándote en directo desde una grúa a 60 metros del suelo y todos te ven. Y da igual que tú repitas hasta la saciedad que lo hiciste por vergüenza, porque con dos cámaras enfocándote, si no saltas al vacío olvídate de seguir haciendo directos o de que te respeten en la redacción. Vales lo que vale tu último reportaje, hostia puta. Para los amigos que tuviste cuando eras una niñata con aspiraciones a personaje, ese acto que para ti es de auténtico pánico, para ellos es la muestra inequívoca de que en realidad siempre has estado como una cabra. Siempre fuiste diferente. Siempre quisiste hacer lo incorrecto, lo indecente y lo salvaje. Siempre quisiste alejarte de ellos.  

Será por eso por lo que siempre puedo hablar con ellos de mis amantes irreverentes, pero nunca confesar los galanes escondidos; que siempre es mejor que crean que sí, que estoy loca y no que en realidad yo sí que creo que merezco ser feliz. A borbotones. A toneladas. Aunque a veces dé saltos a 60 metros de altura, eso sí,  muertecita de miedo.


viernes, 5 de noviembre de 2010

Facebook endiablado

Esto del Facebook lo carga el diablo... Si lo sabré yo. 


Reconozco ser una adicta grado medio-alto del portalito en cuestión. Todavía no me he enganchado desde el IPhone, pero tiempo al tiempo. En diez días me dan el primero... Luego ya me retracto. Entro con la suficiente frecuencia como para reconocer que me gusta hasta decir basta. Muchas posibilidades, muchas. 


Pero lo carga el diablo. Si no de qué mantengo yo ahora intensas discusiones sobre la existencia de Dios con un sacerdote al que no he visto en mi vida pero que resultó ser amiguito de uno de los míos. Pero intensas, intensas. Porque se ha empeñado en que todo lo bueno de mi vida tiene un origen espiritual y divino que no veas, cuando veo yo todas mis satisfacciones más bien mundanas. Sencillitas y al uso, que no soy tan diferente... 


A todos nos gusta lo mismo: ser felices. Y la felicidad ya he aprendido que no está fabricada sobre grandes triunfos, sino sobre pequeñas satisfacciones. Al menos en mi caso. Pues para él, gracias a la existencia de Dios puede canalizar su abnegada dedicación por el bien de los demás, por el alivio de sus dolores y por la normalidad de sus actos. Vamos, que es un tipo majete. Pero cura. 


Y claro, me da un pelín de grima...


Porque es que por más que me paro a buscar, es que yo no lo veo. Sólo reconozco la excusa perfecta para que unos cuantos se forren con la excusa, salgan impunes de delitos, se inventen normas estúpidas y encima les dé por santificar el sufrimiento... Que es que ya hay que ser retorcido... Y encima viene el Papa y me entra el coraje por la pasta que nos cuesta, que me parece fenomenal que si fuera Bruce Springsteen costaría lo mismo, pero es que con Bruce por lo menos me lo paso bien... Pero con el Papa... Me entra una tiritona qué no veas.


Pues nada, él insiste. Lo reconozco, no vi su foto en grande antes de aceptar la solicitud y lo conocía de que escribía en varios muros frecuentados...  Así que no es que haya topado con la iglesia, es que estoy de un activo que doy miedo. Porque me muero por convertirlo, que no corromperlo... Allá cada uno con sus deidades, las mías al menos no exigen chorradas. 


Quién si no el diablo iba a ponerme a mí un cura cerca... En los 70 se disfrazó de niña poseída; treinta y ocho años después lo hace en histeria colectiva en red. Yo, sin dudarlo, me uno.  


Y las conversaciones sobre Dios con el cura son hasta decimonónicas... ¿o empezamos a hablar de otras mucho menos espirituales pero infinitamente más divertidas e igual de intensas?

jueves, 21 de octubre de 2010

Veneno con plumas

Este fin de semana tengo salida nocturna con mis amigas en perfecto Akelarre: sin niños, sin pareja, sin horario... Y, aunque nos vemos con relativa frecuencia, la del viernes me hace especial ilusión porque hace tiempo que no paseamos los tacones...Los tenemos todas a punto. Esto es muy de tía, no lo voy a negar. Se reduce a que nos vamos a reír hasta del apuntador, confesar nuestros últimos descubrimientos y reconocer a lo debutantes que nos descubrieron. Sin mucho aspaviento, pero con mucha ironía. Puede hasta que nos dejemos caer tentando varias suertes... Y tan cinematográfico que el  film sería un éxito igual de efímero que todas las comedias de mujeres con las que pretenden retratar a la mujer de más de treinta y menos de cincuenta. Y de La Tana Cé que haga la Bellucci, que me pone hasta a mí. 


Lástima que  también  se ha producido cambio de gobierno y me han plantado en Sanidad a la Pajín quien entre otras lindezas cree en influencias supradivinas que iluminan a Zapatero y me parece la Soraya Sáenz de Santamaría del PSOE. Que tampoco la soporto. Así que llevo unos días terrible. Normal, tengo un hijo con otitis contínuas, un padre que vive en los "Mundos de Yupi" y Mi Canalla es hipocondríaco. Y la Ministra de Sanidad luce "Power Balance"... 


Menos mal que también tengo un lado muy de tío. Sí, mi hermana y yo tenemos un no sé qué masculino que en su caso se ha transformado en un punto seductor cargado de sensatez y estilo y en el mío se ha quedado en una parte un poco más burda,  pelín poligonera a veces pero que también tiene su aquél. Y esta noche, a pesar de que estoy de canguro, he visto el partido del Atléti. Y me da cosa, yo soy futbolera pero se supone que me gusta ver los partidos acompañada, no sola cenando fruta con queso... 


Menos mal que mañana salgo con la tropa y ellas me reconducirán por el buen camino. Sólo esas mujeres podrían afilar mi lengua y sacar veneno de tanta irresponsabilidad, la del gobierno y  mi pataleta. A la Pajín la pondremos a caer de un guindo con la elegancia y maldad femenina que nos caracterizan mientras paseamos palmito. Y al Atléti le sacaremos partido aunque sea a cuento de un plumas negro divino que había en el banquillo. Que todo tiene truco y no sólo han ganado 3-0...

lunes, 11 de octubre de 2010

Una de cuernos

Un tipo le pone los cuernos a su mujer con una desconocida. Está buena, le parece graciosa, tiene desparpajo y un pelín de caradura. No tiene nada que ver con la esposa que duerme a su lado, amargada porque su vida es sólo fachada. O simplemente porque le aburre soberanamente ser su esposa, que todo puede ser... La desconocida se deja conocer, quedan para cenar, se cuentan la vida y terminan follando. Aunque haya que entrar en un hotel del centro de la ciudad, registrarse por unas horas y descubrir lo cómodas que son las camas de los Room Mate. Que lo son.

Otra mujer está enamorada de su pareja pero se siente atraída por un colega de profesión en el que no había reparado. Ni siquiera había oído hablar de él. Pero de repente se conocen en una reunión de la empresa y mes y medio más tarde follan. Puede que repitan un par más pero no se enamoran. Es sexo, diversión y complicidad, exactamente igual que con sus respectivas parejas. Porque son felices. Sólo que entre estos dos compañeros de trabajo que se acuestan no hay obligaciones; eso da muchos puntos y de golpe.

Estoy segura de que a nuestro alrededor hay infinidad de historias parecidas. Cambian las tramas y los personajes pero no nos libramos, estamos rodeados. Unas veces son el inicio de otra historia de amor, aunque casi siempre se quedan en un episodio más.Si somos uno de los personajes actuamos de una manera y si, simplemente somos espectadores, lo hacemos de otra. Que los cuernos siempre joden, qué coño. Pero tenemos que vivir con ellos, forman parte de nuestras vidas. Y unas veces ni nos salpican y otras nos ahogan sin remedio.

Y ahora para rematarlo, a la Esteban le han puesto los cuernos, lo cual ha saciado a muchas personas que no tenían cuernos en su casa. Catódicas raciones de tertulias televisivas dando todo lujo de detalles del ultraje a la futura diputada, que ésta se nos presenta fijo. Tiembla Rajoy que te va a quitar mucho voto, pero que mucho voto. Pero si aún así no pones los cuernos ni te los ponen y no te interesa el culebrón de la telebasura, no te preocupes: seguro que tienes una amiga que te monta un quilombo enrollándose con el marido de otra de la panda. O tu hermano se enrolla con la vecina de la urbanización, que para eso están los amigos.

Al fin y al cabo se trata sólo de cuernos.Y no son tan importantes.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Sex friendly

La discusión de si un hombre y una mujer pueden ser sólo amigos sin ser amantes me apasiona. Me chifla presenciar y participar en ella cada vez que se presenta la ocasión; me lo paso pipa. Me encanta escuchar la frase de "Por supuesto que sí, yo con mi amigo Fulanito jamás he follado. ¡Sólo somos amigos!. Me parto. Porque como el Fulanito sea un quesazo y encima se lleve bien con ella, no me cabe la menor duda de que se han acostado. Puede que no sean amantes ni se líen esporádicamente. Incluso admito que no se hayan vuelto a acostar jamás. Pero a las mujeres nos encanta la belleza, nos sentimos más guapas cuando nos acostamos con un hombre guapo y por supuesto... ¡nos gusta el sexo! No sé por qué no lo admitimos e incluso lo criticamos cuando es un hombre el que reconoce que no puede existir la amistad entre él y las mujeres que están en esa categoría. ¡Maldita religión católica!


Uno de mis mejores amigos, y tengo pocos, es el hombre que menos veo de todos los demás, con suerte, dos veces al año. Es el hombre al que más admiro intelectualmente, por encima de cualquiera de los que están o han estado. Y la única persona a la que no he mentido jamás. Si eso no es una buena definición de lo que significa para mí la amistad, no puedo ofrecer otra. Se sabe toda mi vida sin ese personaje que tengo tan bien fabricado y es el único que no se empeña en que lleve minifalda cortísima sin medias de 50 Den, asegurándome que estoy acomplejada o sacándome a relucir cualquiera de mis delirios. Con lo estudiada que me tengo… 

Y seguro que lo que nos pasa a nosotros le pasa a un buen puñado de mortates: Nos liábamos cada vez que nos veíamos. Sólo nos acostamos una vez y después de muchas citas, tardes enteras en las que hablábamos, alguna que otra noche de copas y mucha tertulia. Pero no he sido tan sincera con nadie en mi vida, tampoco con una mujer. Porque sólo a él no le he disimulado jamás, ni atenuado, ni minimizado ninguna reflexión, maldad o  confesión… Y las tengo realmente inconfesables. Se las sabe todas. Hace 24 años que nos conocemos y por lo menos 20 que somos amigos y no nos hemos peleado ni una sola vez. Ni una.

Sería sin lugar a dudas mi hombre perfecto. Y lo es. Pero para llegar hasta aquí nos hemos conocido, gustado, acostado y seguido hablado, queriendo y viendo. Sin más sexo que aquella vez, cierto. Pero nos acostamos. Fue importante en nuestra relación aunque no más que el resto de las situaciones que nos unen. Y afortunadamente nuestra vida sexual ha seguido evolucionando y no hay nada como hacer terapia cada vez que nos vemos para contarnos aventuras y desventuras de cada uno de nosotros. Está claro que yo soy infinitamente más explícita en mis relatos, él es un señor.

Y sé por qué, con honestidad, funcionamos tan bien. El truco está en no ser pareja, sólo amigos. Seguiremos así de bien si no caemos jamás en la tentación de creernos los más listos, los protagonistas de un relato aún más cinematográfico que el que filmamos desde  hace tiempo, dándole única y exclusivamente importancia a lo que es importante: Nos queremos, pero no nos amamos.

Eso sólo puede pasarme con un hombre que es mi amigo, al que por supuesto me he tirado. Aunque sólo sea una vez.

¿Me lo iba a perder?